Tiempo para los demás en Salta y Chaco

Junio 11, 2008

Fuente: Opus Dei.

Más de 70 jóvenes invirtieron el tiempo de sus vacaciones en dos campamentos de trabajo social que se desarrollaron en El Bordo (Salta) y la Isla del Cerrito (Chaco), zonas muy necesitadas del interior de la Argentina.

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Carta del Prelado (junio 2008)

Junio 10, 2008

“Conocer, experimentar, vivir, testimoniar: en esas cuatro palabras, se puede condensar la correspondencia de los cristianos al Amor de Dios”. El trato de Dios, un Dios con corazón de Padre, centra la carta de este mes del Prelado del Opus Dei.

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Al escribiros en este comienzo del mes de junio, afluye a mi corazón la necesidad de dar gracias de nuevo a Dios por todos sus dones. La solemnidad del Corpus Christi, en cuya vigilia impartí el presbiterado a treinta y seis diáconos de la Prelatura del Opus Dei; la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, hace dos días; y ayer, sábado, la fiesta de la Visitación de Nuestra Señora, constituyen invitaciones para incrementar nuestra gratitud a nuestro Redentor, de cuyo Corazón abierto en la Cruz nos llegan todos los bienes. Nuestro agradecimiento se dirige también a la Santísima Virgen, canal espléndido y fecundo —como se expresaba San Josemaría— por el que nos vienen todas las gracias del Cielo. Acudo a su Corazón inmaculado —ayer era su memoria litúrgica, aunque este año no se celebraba— rogándole que nos conceda todas sus delicadezas para aprender día a día a tratar más y mejor a las tres Personas divinas. ¿Cómo te diriges expresamente a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo?

Haurietis aquas in gaudio de fontibus salutis[1], sacaréis agua con gozo de las fuentes de la salvación. Estas palabras, del profeta Isaías, dan nombre a la encíclica con la que el Papa Pío XII conmemoró el primer centenario de la extensión de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús a la Iglesia universal. Rememorando ese documento, Benedicto XVI escribe que el costado traspasado del Redentor es la fuente a la que nos invita a acudir la encíclica Haurietis aquas: debemos recurrir a esta fuente para alcanzar el verdadero conocimiento de Jesucristo y experimentar más a fondo su amor[2].

He sido testigo de cómo San Josemaría cultivó siempre una grandísima devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Había prendido en su alma desde niño y, con el transcurrir de los años, fue adquiriendo raíces más hondas en su vida interior y en su gran preparación doctrinal. En momentos de dificultad para la vida de la Iglesia —también de esta partecica, la Obra— consagró el Opus Dei al Corazón Sacratísimo del Redentor. Más tarde, cuando en algunos ambientes se menospreciaba esta recia devoción, salió en su defensa con apasionado amor y con profundidad teológica, como se pone de manifiesto en una de las homilías recogidas en Es Cristo que pasa[3]. Se acogía a la misericordia de ese Corazón, y así —a pesar de todas las dificultades que surgían— procedía con la paz y la alegría que el mundo no puede dar[4].

Consideraba la enorme riqueza que se encierra en estas palabras: Sagrado Corazón de Jesús. Cuando hablamos de corazón humano —recalcaba— no nos referimos sólo a los sentimientos, aludimos a toda la persona que quiere, que ama y trata a los demás. Y, en el modo de expresarse los hombres, que han recogido las Sagradas Escrituras para que podamos entender así las cosas divinas, el corazón es considerado como el resumen y la fuente, la expresión y el fondo último de los pensamientos, de las palabras, de las acciones[5].

Deus caritas est[6], Dios es Caridad. Por su amor infinito, Dios Padre envió al mundo a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna[7]. Por amor, igualmente infinito, Jesucristo se encarnó en el seno de la Virgen María, permaneció en un oscuro rincón de la tierra nuestra, trabajó como nosotros, sufrió y gozó como nosotros, y finalmente murió en el leño de la Cruz, ofreciendo su vida voluntariamente para rescatarnos de nuestros pecados. Por ese amor nos dio a su Madre como Madre nuestra, cuando agonizaba en el Gólgota. Tras la resurrección y ascensión al Cielo, por amor, en unión con el Padre, nos envió el Espíritu Santo, además de quedarse con nosotros en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía: con su cuerpo y su sangre, con su alma y su divinidad, hecho Pan de vida, alimento de nuestras almas y de nuestros cuerpos, prenda y semilla de la resurrección gloriosa que también nosotros aguardamos. El Paráclito, Amor del Padre y del Hijo, nos enseña con la acción de su gracia a adentrarnos constantemente en el camino de la santidad.

La devoción al Corazón de Jesús nos presenta una apremiante invitación a considerar y agradecer los misterios centrales de nuestra fe: ponemos de manifiesto la certidumbre del amor de Dios y la verdad de su entrega a nosotros. Al recomendar la devoción a ese Sagrado Corazón, estamos recomendando que debemos dirigirnos íntegramente —con todo lo que somos: nuestra alma, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones, nuestros trabajos y nuestras alegrías— a todo Jesús.[8]. ¿Somos amigos de este examen, de este mirarnos diariamente en el Señor?

En esto se concreta la verdadera devoción al Corazón de Jesús: en conocer a Dios y conocernos a nosotros mismos, y en mirar a Jesús y acudir a Él, que nos anima, nos enseña, nos guía. No cabe en esta devoción más superficialidad que la del hombre que, no siendo íntegramente humano, no acierta a percibir la realidad de Dios encarnado

El culto al Sagrado Corazón se nos revela como respuesta de la Iglesia al amor infinito de la Santísima Trinidad a sus criaturas. El Santo Padre expone que ese culto es, al mismo tiempo, el contenido de toda verdadera espiritualidad y devoción cristiana. Por tanto, es importante subrayar que el fundamento de esta devoción es tan antiguo como el cristianismo[9]. Por eso, invita a los católicos a abrirse al misterio de Dios y de su amor, dejándose transformar por él[10]. Y propone recurrir a esta fuente para alcanzar el verdadero conocimiento de Jesucristo y experimentar más a fondo su amor. Así podremos comprender mejor lo que significa conocer en Jesucristo el amor de Dios, experimentarlo teniendo puesta nuestra mirada en Él, hasta vivir completamente de la experiencia de ese amor, para poderlo testimoniar a los demás[11].

Conocer, experimentar, vivir, testimoniar: en esas cuatro palabras, se puede condensar la correspondencia de los cristianos al Amor de Dios. Me traen a la memoria aquellas otras etapas de la vida cristiana, que San Josemaría señalaba desde los comienzos de su misión fundacional y que recomendó incansablemente. En este esfuerzo por identificarse con Cristo —señalaba—, he distinguido como cuatro escalones: buscarle, encontrarle, tratarle, amarle. Quizá comprendéis que estáis como en la primera etapa. Buscadlo con hambre, buscadlo en vosotros mismos con todas vuestras fuerzas. Si obráis con este empeño, me atrevo a garantizar que ya lo habéis encontrado, y que habéis comenzado a tratarlo y a amarlo, y a tener vuestra conversación en los cielos (cfr. Flp 3, 20)[12].

Primero, pues, busquemos a Cristo un día y otro, con hambre y sed de su compañía: como ansía el ciervo las corrientes de agua, así te ansía mi alma, Dios mío[13]. Para eso, cuidemos las prácticas de piedad cristiana con las que intentamos entretejer cada una de nuestras jornadas, especialmente la Santa Misa y la oración, tanto mental como vocal. Imploremos la intercesión de nuestra Madre la Virgen, de los Ángeles Custodios, de los santos que ya gozan de Dios. Recurramos con fuerza a San Josemaría, que nos ha enseñado —a nosotros y a tantos millones de personas—, con su palabra y con su ejemplo, las sendas del trato familiar con Dios en la vida corriente.

Este empeño perseverante por tratar a Nuestro Señor —también cuando nos sentimos áridos y sin ganas— nos llevará a experimentar su presencia junto a nosotros. Bien entendido que no hablo aquí de nada sensible, sino más bien de la certeza —nacida de la fe e infundida por el Espíritu Santo en el alma— de que verdaderamente, por la gracia, somos templo vivo de la Santísima Trinidad; de que —como escribe innumerables veces San Pablo— existimos in Christo Iesu. Y así, arraigados y fundamentados en la caridad, podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad; y conocer también el amor de Cristo, que supera todo conocimiento, para que os llenéis por completo de toda la plenitud de Dios[14].

El Papa afirma que experiencia y conocimiento no pueden separarse: están íntimamente relacionados. Por lo demás, conviene destacar que un auténtico conocimiento del amor de Dios sólo es posible en el contexto de una actitud de oración humilde y de generosa disponibilidad[15]. De este modo llegaremos a vivir de Cristo; es decir, a referir a Él todas las ocupaciones y momentos, a hacer todo con el único fin de agradarle, a vaciarnos de nosotros mismos para que el Señor habite en nosotros; es la experiencia de fe de San Pablo, cuando escribe: vivo, pero ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Y la vida que vivo ahora en la carne la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí[16].

¡Con qué fuerza hizo eco San Josemaría a estas palabras inspiradas! La vida de Jesucristo —escribió—, si le somos fieles, se repite en la de cada uno de nosotros de algún modo, tanto en su proceso interno —en la santificación— como en la conducta externa[17]. Y en otra ocasión: Me miraste muy serio…, pero al fin me entendiste, cuando te comenté: “quiero reproducir la vida de Cristo en los hijos de Dios, a fuerza de meditarla, para actuar como Él y hablar sólo de Él”[18].

Si nos esforzamos todos los días por permanecer en Cristo y alimentarnos de Cristo, nuestra fe se traducirá necesariamente en apostolado: daremos testimonio del Señor con las acciones y con las palabras, con la entera existencia; y muchas personas se sentirán atraídas por Jesús, a pesar —o más bien, a través— de nuestra lucha personal, hecha de victorias y de derrotas, que podremos convertir en triunfos si acudimos contritos a la misericordia divina, para volver a empezar. Si hay amor de Dios, si hay humildad, si hay perseverancia y tenacidad en nuestra milicia, esas derrotas no adquirirán demasiada importancia. Porque vendrán las victorias, que serán gloria a los ojos de Dios. No existen los fracasos, si se obra con rectitud de intención y queriendo cumplir la voluntad de Dios, contando siempre con su gracia y con nuestra nada[19]. ¿Qué deseos diarios de apostolado hay en nuestra jornada?

Mantengamos con vigor generoso el trato con Jesucristo y procuremos llevarle muchas almas. Acudamos a la intercesión de San Josemaría, tan poderosa ante el Señor, preparando ya desde ahora su fiesta, el 26 de junio. Démosle a conocer a muchas personas, poniendo ante sus ojos el ejemplo y las enseñanzas de nuestro Fundador.

Hace dos semanas he viajado a Barcelona y, antes de volver, hice la oración en la Basílica de la Merced acompañado por vosotras y por vosotros. Allí rogué a la Virgen que cada una, cada uno, incorporemos a nuestro caminar las palabras de San Pedro que nuestro Padre meditó profundamente en esa ciudad, antes de su primer viaje a Roma, cuando se disponía a abrir un cauce jurídico universal al Opus Dei: ecce nos reliquimus omnia et secuti sumus te[20]; mira que nosotros hemos dejado todas las cosas y te hemos seguido. Se ha recogido esa frase en el Evangelio para que los cristianos la pongamos por obra en nuestra conducta y la digamos al oído de nuestros amigos o amigas, pues no se puede servir a dos señores[21]. Se rezaba muy bien allí, delante de la imagen de Nuestra Señora de la Merced, con toda la Obra, como hizo San Josemaría en 1946 y en otros momentos.

Antes de terminar, deseo recordaros que el próximo día 29, solemnidad de San Pedro y San Pablo, comienza el año paulino que Benedicto XVI ha convocado para conmemorar los dos mil años del nacimiento del Apóstol de las gentes. Para secundar las indicaciones del Santo Padre en la celebración de este bimilenario, os sugiero conocer mejor la vida y la obra de este gran Apóstol, Patrono de la Obra, leyendo y meditando a fondo los Hechos de los Apóstoles y los escritos paulinos. San Pablo es, para todos los cristianos, un modelo estupendo de amor a Cristo, de fidelidad a la vocación, de celo ardiente por las almas. Vamos a encomendarle de modo especial los frutos espirituales y apostólicos de este año especial a él dedicado.

Con todo cariño, os bendice

                                vuestro Padre

                                  + Javier

Roma, 1 de junio de 2008.

[1] Is 12, 3.

[2] Benedicto XVI, Carta con motivo del 50º aniversario de la encíclica “Haurietis aquas”, 15-V-2006.

[3] Cfr. San Josemaría, Homilía “El Corazón de Cristo, paz de los cristianos”, 17-VI-1966, en Es Cristo que pasa, nn. 162 ss.

[4] Cfr. Jn 14, 27.

[5] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 164.

[6] 1 Jn 4, 8.

[7] Jn 3, 16.

[8] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 164.

[9] Benedicto XVI, Carta con motivo del 50º aniversario de la encíclica “Haurietis aquas”, 15-V-2006.

[10] Ibid.

[11] Ibid.

[12] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 300.

[13] Sal 42, 2.

[14] Ef 3, 17-19.

[15] Benedicto XVI, Carta con motivo del 50º aniversario de la encíclica “Haurietis aquas”, 15-V-2006.

[16] Gal 2, 20.

[17] San Josemaría, Forja, n. 418.

[18] Ibid., n. 886.

[19] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 76.

[20] Mt 19, 27.

[21] Cfr. Mt 6, 24.


Opus Dei – Católicos chinos en Torreciudad

Junio 9, 2008

Una imagen de Ntra. Sra. Emperatriz de China, traída por alumnos de una escuela de Hon-Kong, presidió los actos.

Una pequeña comunidad de chinos católicos en España celebró el pasado día 24 de mayo, en el Santuario de Torreciudad, la Jornada de Oración por la Iglesia en China respondiendo al llamamiento general del Papa Benedicto XVI, en solicitud de apoyo a los fieles del continente asiático.

Fuente: Opus Dei, pincha para ver la noticia completa.


¿Qué es una Administración en el Opus Dei?

Junio 4, 2008

FUENTE: Opus Dei.

Silvia Paternó es administradora de un Centro del Opus Dei. Licenciada en administración de Empresas de Servicio e Instituciones, gestiona las tareas domésticas de una casa en la que viven 35 personas.

La Administración en los centros del Opus Dei -que son siempre hogares cristianos: residencias de estudiantes, de profesionales, de obreros, etc.- se ocupa como en cualquier familia de la gestión doméstica que atiende los servicios de manutención y limpieza de la casa, cocina y ropa. 

En esas residencias grandes, la administración es un centro anexo -independiente- con locales adecuados al trabajo que se realiza, con una zona de vivienda para las personas que lo llevan a cabo.

Este trabajo facilita -mas aún: posibilita- toda la labor apostólica del Opus Dei, y se convierte así -como decía san Josemaría- en el apostolado de los apostolados.

Silvia Paternó dirige una administración que atiende diariamente 35 personas. Anteriormente formó parte del equipo directivo de Villa Sacchetti, administración de la sede central del Opus Dei en Roma, donde viven y trabajan las personas que colaboran con el Prelado en el gobierno pastoral del Opus Dei.

“La administración en los centros hace posible que se pueda atender diariamente -además del propio trabajo profesional- las actividades de formación cristiana y la atención de las labores apostólicas del Opus Dei”.

“Pero también he administrado centros más pequeños en Argentina -cuenta Silvia-. En realidad el trabajo es el mismo: se trata de atender lo que es conocido en el ámbito profesional como servicios de base, adaptándose a la realidad de las personas que viven en el centro administrado: jóvenes o menos jóvenes, mujeres u hombres, personas que deben seguir un régimen especial… y de la labor apostólica que se lleva a cabo”.

¿Qué preparación profesional tiene?

Estudié administración de Empresas de Servicio e Instituciones. Luego he ido completando mi formación con diversos seminarios y cursos sobre Gestión, Dirección, Recursos Humanos y algunos cursos específicos sobre los servicios en que trabajo habitualmente: Alimentos, Mantenimiento de la vivienda, Lavandería, Housekeeping.

Estoy convencida de que, como decía san Josemaría, la formación no termina nunca. Es importante mantener encendida la ilusión profesional que te permite realizar un servicio cada vez mejor. La atención de la gestión doméstica necesita -como cualquier trabajo que se quiere santificar- una verdadera preparación profesional.

Siempre me sentí inclinada hacia este tipo de actividades. La verdad es que nunca tuve dudas sobre mi vocación profesional. Estos 25 años de trabajo me han dado, gracias a Dios, muchísimas satisfacciones aunque también -no lo niego- algún que otro dolor de cabeza…

¿Qué plan de trabajo sigue habitualmente?

Aunque parte del quehacer diario -como para la mayoría de las personas- es atender imprevistos, el trabajo de la administración no se improvisa, se organiza. Se planea con tiempo suficiente, para que las cosas vayan saliendo con una cierta tranquilidad y orden. Lo que se realiza diariamente funciona en la medida que se ha organizado con anterioridad.

Cada día se limpian las distintas zonas de la casa con un horario fijo para empezar y terminar. Luego hay un tiempo de trabajo en las distintas áreas: cocina, comedores, lavandería. Se sigue el plan semanal o mensual establecido para cada zona con las particularidades de ese día, por ejemplo: proveedores que vendrán, entrega de sábanas y toallas o ropa personal, alguna celebración que implica un menú especial, una limpieza extraordinaria.

En reuniones periódicas se revisa la marcha de los trabajos, se solucionan posibles necesidades que surgen y se estudian las sugerencias que se hacen para mejorar cada servicio.

Además está lo que llamo “tiempo de escritorio”, fundamental para plasmar lo que decía al principio. En estas horas estudio un cuadro de organización, confecciono el menú del mes siguiente, hago la lista de compras, preparo un presupuesto, atiendo a las personas que quieren plantear algún asunto, y un largo etc., que adivinará cualquier mujer que se dedique al trabajo de su hogar.

¿Qué aptitudes hacen falta? “Entender y querer lo que significa atender un hogar, tener un gran amor a estos trabajos, elegirlos como vocación profesional, amar el trabajo concreto, saber trabajar en equipo y saber delegar”.

¿Cuentan con personal especializado?

Sí, generalmente se cuenta con personal especializado en las distintas áreas, pero también parte del trabajo es su formación; por ejemplo, hay no poca gente joven que quiere capacitarse para esta profesión. Es importante aprender a enseñar, transmitir la experiencia de modo enriquecedor para quienes se incorporan al equipo.

¿Qué cualidades se debe tener para desempeñar este trabajo?

Es una pregunta bastante difícil de responder en pocas palabras. En primer lugar pienso que debes entender y querer lo que significa atender una casa, hacer un hogar, tener un gran amor a estos trabajos. Luego, elegirlo como vocación profesional, con lo que supone de dedicación y preparación porque piensas que tienes aptitudes, te gusta y, como cualquier otro trabajo, lo ves como un modo de servir a los demás. 

Descendiendo a detalles más concretos -además de los conocimientos técnicos específicos-, entre las aptitudes personales subrayaría la necesidad de tener visión de conjunto para llevar el pulso de la marcha de todos los servicios, el amor por lo concreto, el saber trabajar en equipo y saber delegar, “hacer hacer” como decía san Josemaría, con confianza en las personas. También me parece importante tener buen gusto y sentido estético: la belleza es importante para el buen vivir. Además destacaría cierta inclinación natural por el orden, y saber valorar la experiencia recibida junto a una mentalidad abierta y flexible ante cambios y situaciones nuevas.

Lógicamente, nadie nace sabiendo todo. Repito, me parece muy importante mantener vivo el afán de aprender y mejorar.

¿No sería preferible que las personas de la casa, residentes, dedicaran más tiempo a estos trabajos y así también se necesitaría menos personal en la administración?

Quienes viven en el centro administrado, como en cualquier hogar, colaboran -guardando una total separación e independencia-, de forma activa. Respetan el horario de comidas, entregan la ropa para lavar el día establecido, procuran dejar las habitaciones en orden y ventiladas antes de que pase el equipo de limpieza, avisan con anticipación lo que pueda haber de extraordinario en la semana. Todas estas cosas, aunque parezcan detalles corrientes y diarios, facilitan enormemente el trabajo.

“Esta profesión debe estar bien retribuida y bien considerada en la sociedad. También me parece positivo que los hombres colaboran cada vez más en las tareas de la casa”.

Por otro lado, el cuidado y mantenimiento de los centros del Opus Dei que, por la labor apostólica que se desarrolla en cada uno, suelen ser más bien grandes, supone también otros muchos trabajos, atenciones y arreglos de los que se encargan los residentes.

La administración en los centros hace posible que se pueda atender diariamente -además del propio trabajo profesional- las actividades de formación cristiana y la atención de las labores apostólicas del Opus Dei.

Además, pienso que este trabajo tiene una repercusión social importante: una casa cuidada, un ambiente limpio y alegre, una comida caliente cuando hace frío (y viceversa) se agradece, pero a la vez es exigente: lo limpio llama a lo limpio, el servicio a la puntualidad…; y como es algo bueno, casi sin darte cuenta, llevas ese ambiente a tu lugar de trabajo, a los espacios públicos, a las reuniones con tus amistades; y se facilita la convivencia, todo se hace más amable: es decir, damos nuestro aporte al crecimiento de la vida familiar, contribuyendo a la unidad en una sociedad que con frecuencia da señales de disgregación. 

¿Y es rentable?

La rentabilidad no es un criterio unívoco, ya que entran muchas variables difíciles de contabilizar con la misma medida. Hay muchas cosas que quizá parecen poco rentables hablando en términos económicos, pero que tienen una gran eficacia humana y sobrenatural. Si me permite, yo le preguntaría: ¿cuánto es rentable el trabajo de una madre, en la educación de sus hijos o cuando vela un enfermo? Me parece que son aspectos impagables y de un valor esencial para la sociedad.

Por otro lado, sin duda, una atención profesional de estos servicios, teniendo en cuenta el presupuesto de cualquier casa para necesidades de alimentación, ropa, etc., genera un aprovechamiento racional de los recursos, se evitan muchos gastos, por ejemplo de productos o servicios caros que muchas veces hay que pagar por falta de tiempo (pre-cocinados, tintorería, una mayor cantidad de ropa o productos de limpieza), se amortizan las cosas hasta el final, conservándolas en buen estado, se reciclan, etc.

A la vez, sostengo que esta profesión -que es de gran altura- debe estar bien retribuida y bien considerada en la sociedad.

¿Es de la opinión que las mujeres tienen más aptitudes, hablando en líneas generales, que los hombres para atender el trabajo de la casa?

Por supuesto que sí, y esto no va en detrimento de nadie, aunque también sea cierto que -en la actualidad- los hombres colaboran más en las tareas de la casa, debido a que muchas mujeres trabajan fuera. Y esto me parece un hecho positivo.

El papel de la mujer es insustituible, porque, por naturaleza, tiene unas cualidades que la hacen capaz de dar vida a la humanidad y dar humanidad a la vida, como alguien ha sintetizado el pensamiento de Juan Pablo II en Mulieris Dignitatem. Está en sus manos el hacerlas fructificar.

¿Son del Opus Dei todas las personas que trabajan en la administración de los centros del Opus Dei?

No. Depende de los centros, de los países, etc. Ordinariamente el trabajo y los servicios están dirigidos por gente del Opus Dei que tiene esa profesión: generalmente, por su mayor disponibilidad, por numerarias y numerarias auxiliares; pero también en casas de convivencias y algunos centros esta tarea la realizan otras personas que no son del Opus Dei.